El Día Mundial del SIDA fue instituído por la Conferencia Mundial de Ministros de Salud sobre Programas de Prevención del SIDA, celebrada en la ciudad de Londres en enero de 1988 y desde esa fecha, el virus ha matado a más de 25 millones de personas en todo el mundo, lo que supone una de las epidemias más destructivas de la Historia.
En 2020, la pandemia mundial de la COVID-19 ha puesto de manifiesto cómo las pandemias hacen tambalear nuestro modo de vida, y cómo la salud está ligada con otros problemas fundamentales, como los derechos humanos, la igualdad de género, el crecimiento económico y la protección social.

SIDA y COVID 19
Hoy la humanidad está viviendo tiempos difíciles. La pandemia de COVID-19 nos hace recordar otra pandemia que comenzó unas cuantas décadas atrás, como fue la aparición del SIDA, que se cobró la vida de millones personas en todo el planeta y que aún no se ha podido erradicar de forma definitiva.
Ante esta eventualidad, que marcó un antes y un después para todos los seres humanos sin excepción de raza, sexo o religión, se necesita, que de una vez por todas, las personas entiendan que es el momento de dejar a un lado la discriminación, los prejuicios y los estigmas no sólo ante los enfermos de SIDA, sino ante cualquier condición o padecimiento como el que hoy se vive a escala mundial.
Ante la emergencia sanitaria, sabemos que las personas que tienen el VIH, son pacientes de más alto riesgo, debido a que su sistema inmunológico es débil y se encuentran más vulnerables ante el COVID 19.
Por esta razón, es necesario tomar las precauciones necesarias como el correcto lavado de manos, evitar tocarse la nariz, boca y ojos, cubrir la cara con la mascarilla y si hay la necesidad de estornudar o toser, hágalo cubriendo su boca y nariz con el codo doblado.
Lo recomendable es quedarse en casa y si tiene síntomas, buscar ayuda profesional.
