La violencia contra las mujeres y las niñas es una de las violaciones de derechos humanos más generalizadas, persistentes y devastadoras en nuestro mundo que aún no se denuncia debido a la impunidad, el silencio, el estigma y la vergüenza que la rodea. De esta premisa de Naciones Unidas nace el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer celebrado desde 2009 para movilizar a toda la sociedad para poner fin a la violencia contra las mujeres.
Según Naciones Unidas, este tipo de violencia, que se manifiesta en formas físicas, sexuales y psicológicas, abarca: la violencia de pareja (maltrato, abuso psicológico, violación conyugal, femicidio); la violencia sexual y hostigamiento (violación, actos sexuales forzados, insinuaciones sexuales no deseadas, abuso sexual infantil, matrimonio forzado, hostigamiento en la calle, acecho, acoso cibernético); la trata de personas (esclavitud, explotación sexual); la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil.

La «pandemia» en la sombra
En un mundo donde una de cada tres mujeres sufre violencia sexual o física, en su mayoría, por parte de su pareja, podemos imaginar la dificultad añadida para estas mujeres de permanecer confinadas en casa con sus agresores.
Está claro que los confinamientos decretados en el ámbito de la pandemia de COVID-19 ha intensificado la violencia en el hogar, de forma que paralelamente al coronavirus, se ha desarrollado otra pandemia a la sombra, y es la de la violencia hacia las mujeres y las niñas.
Además los servicios esenciales de casas de acogida, refugios y líneas de atención y de ayuda se han visto sobrepasados por las circunstancias.
Por ello se requiere un esfuerzo y una responsabilidad por parte de todos para terminar con esta lacra social.
