Previo a que se dieran a conocer los resultados desarrollados por el laboratorio Moderna, donde el 100% de los vacunados generó anticuerpos para el coronavirus, el gigante de Estados Unidos Pfizer confirmó un avance prometedor, que está preparado para iniciar las pruebas en Argentina.
El gobierno del país norteamericano ya autorizó lo investigado hasta el momento por esta empresa farmacéutica y permitió su avance hacia una etapa en la que requiere testeos de campo y eligió a nuestro país para hacerlo. Si bien muchos lo tomaron como una especie de «conejillos de India», hay explicaciones más profundas.
A principios de agosto, luego de ser aprobada por ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica), comenzarán las pruebas en ciudadanos argentinos. Pero vamos a lo que más nos importa en este momento: ¿por qué nos eligieron?
Una de las razones tiene que ver con que acá hay buenos científicos, médicos y vasta experiencia, que nos da privilegios a la hora de distribuir. Otro de los factores, obviamente, es el económico.
Sin embargo, hay un trasfondo negativo en la prueba de una vacuna, sobretodo para controlar una pandemia, y es el hecho de que se necesite «circulación viral» del COVID-19, que es justamente lo que existe en Argentina. Por eso, lo importante es mantener el cuidado, la higiene y el distanciamiento social.
¿Cómo se fabrica una vacuna?
Antes de usarse en humanos, las vacunas pasan por varias fases de desarrollo, cada una más exigente que la otra, para que sean lo más eficaces y seguras posible.
La primera etapa es la PRECLÍNICA. Se realiza en laboratorios de investigación básica con animales de experimentación. Sirve para elegir los mejores componentes para la vacuna. Esta es la etapa que más se puede acelerar, porque aprovecha conocimientos previos de otras vacunas.
Después vienen las FASES CLÍNICAS de la 1 a la 3 (o algunas variantes). Estos ensayos clínicos son fundamentales para la aprobación de la vacuna y se realizan en personas voluntarias. Deben ser estrictamente controlados, demandan mucho tiempo y una gran inversión económica.
En la Fase 1 se vacuna a un pequeño número de voluntarios sanos para evaluar la posible toxicidad del producto. En la fase 2 se vacuna a un número mayor de personas sanas y se evalúa la respuesta inmune generada por su uso.
Finalmente, en la fase 3 se vacuna a un gran número de personas sanas de distintas áreas geográficas, normalmente en sitios de alta prevalencia de casos, con el objetivo de evaluar la eficacia de la vacuna para prevenir la infección.
Si una vacuna atraviesa todas estas fases exitosamente, es aprobada para uso en humanos. Cada país debe aprobar su uso con las indicaciones y recomendaciones pertinentes (grupos prioritarios, edad recomendada, esquema de vacunación, contraindicaciones, etc).
Por los altos requerimientos de calidad de manufactura requerida, la producción en serie de vacunas para un número grande de personas también puede ser una limitante. Esto se puede resolver mediante acuerdos entre distintas farmacéuticas o con asociaciones público-privadas.
