Los antiinflamatorios se clasifican en dos grandes familias: los esteroides o corticoides y los AINES o antiinflamatorios no esteroideos. Entender qué son y cómo funcionan en tu cuerpo hará que manejes tu tratamiento con más seguridad, siempre con mucha precaución y sobre todo sin miedo.
¿Qué son los antiinflamatorios esteroideos (los corticoides)?
Los corticoides o esteroides son sustancias que produce nuestro cuerpo de modo natural y nos sirven, entre otras cosas, para prepararnos para defendernos. Por ejemplo los glucocorticoides actúan bloqueando la síntesis de los mediadores de la inflamación (las prostaglandinas y tromboxanos) en el tejido lesionado o inflamado. O sea que son antiinflamatorios.
¿Para qué sirven los corticoides?
Los fármacos esteroideos son síntesis artificiales de estas hormonas que cumplen sus mismas funciones fisiológicas. Y no sólo se utilizan para tratar las inflamaciones, también para tratar el asma, las erupciones o eccemas de la piel, para evitar el rechazo del órgano en un paciente trasplantado, para controlar procesos alérgicos graves o para paliar los efectos de algunos tratamientos de quimioterapia.
Los corticoides se vienen utilizando contra la inflamación desde hace muchos años por lo que conocemos bien sus pros y contras, y sabemos que para evitar riesgos se deben administrar siguiendo unas reglas muy precisas. Son muy potentes y muchos de ellos mantienen su efecto beneficioso en el largo plazo.
Los antiinflamatorios esteroideos (corticoides) pueden administrarse por vía tópica en cremas, geles, gotas (colirios), inhalados; por vía oral en forma de pastillas, jarabes; y también inyectados.
En los tratamientos contra el dolor se suele recurrir a los corticoides como la Dexametasona, Betametasona o Triamcinolona. Se usan en inyecciones o infiltraciones de una articulación, un músculo, en la vecindad de un nervio periférico o incluso en las técnicas epidurales o peridurales para el dolor.
¿Tienen riesgo los tratamientos con corticoides?
Su administración, como la de otros medicamentos, debe ser limitada y lo más breve posible, siempre bajo supervisión médica, distanciando también en el tiempo la repetición de los tratamientos.
Los efectos secundarios de los corticoides
Los corticoides suelen provocar aumento de apetito (podés llegar a subir de peso), retención de líquidos (podés sentir que se te hincha la cara o el tronco), picazón y sequedad en la piel, pérdida de cabello, insomnio, dolor gastrointestinal.
Las consecuencias más graves son la aparición de hipertensión arterial, aumento de la presión intraocular (riesgo de glaucoma), riesgo de osteoporosis, diabetes e incluso trastornos psiquiátricos (psicosis) causados por el tratamiento con esteroides a dosis elevadas y/o durante largo tiempo.
En muchas ocasiones el mal uso es el responsable de la mala fama de estos medicamentos.
¿Cómo empezar y terminar el tratamiento con corticoides?
No debés automedicarte con corticoides ni empezar por tu cuenta un tratamiento. Seguí las indicaciones de tu médico y ponete en contacto con él si tenés dudas sobre la frecuencia o dosis que debés tomar. Consultá si te sentís mal o sospechas que estás sufriendo alguno de los efectos secundarios durante el tratamiento.
Si tenés que dejar o suspender el tratamiento con corticoides, no lo hagas sin consultar antes con tu médico. Él te va a indicar cómo debes ir reduciendo las dosis hasta la suspensión completa. Los tratamientos con corticoides se deben suspender gradualmente, no de golpe.
Dr. Juan Pablo Paladino⠀
Médico Anestesiólogo experto en Tratamiento del Dolor⠀
